PUBLICIDAD
1 diciembre, 2018

Michael I Roth:

Última modificación:

Aunque hoy proclama con orgullo que entre su cartera de clientes figuran los nombres de Johnson & Johnson, Coca-Cola y Unilever; Michael I Roth no puede sino reconocer que salvó a Interpublic (IPG) del desastre. Su nave arribó al holding a comienzos del año 2000 a petición de junta directiva y bajo unas circunstancias singulares: no conocía nada acerca del negocio de la publicidad, era el tercer director en cuatro años y compartía el cargo de CEO con David Bell en una situación financiera delicada. Con todo, a los seis meses se quedó sólo al mando del timón y, tras tomar consciencia de los problemas de la compañía, no le quedó otra opción que adoptar un perfil resolutivo.

Lo primero de lo que se ocupó al llegar fue de las cuentas financieras, cuya transparencia era tan confusa que terminó provocando la salida de clientes como Bank of America y a General Motors. Recuperó la claridad en las finanzas de IPG, devolviendo el interés y la confianza de los anunciantes, lo que a su vez le permitió ganar los concursos de Kmart y Nestle. En 2013 fue la agencia con más premios de creatividad y, aunque su situación actual sigue generando dudas entre los inversores, la gestión redentora de Roth la mantiene dentro de las cuatro empresas publicitarias más grandes del mundo, vertebrada a su vez en tres filiales principales: McCann Erikson, Lowe & Partners y FCB.

Pero las historias deben contarse por el principio. Habría que empezar señalando que Michael I Roth se crió junto a su familia en Brooklyn y que desde bien pequeño quiso ser abogado fiscal como su padre. Tras un egregio paso por las facultades de derecho de Boston y Nueva York, entró a formar parte de la auditora Coopers & Lybrand, hoy PwC. Allí destacó de manera brillante, antes que por su juventud, por conseguir importantes beneficios fiscales para los clientes. Como es natural, aquel ingenio no pasó desapercibido y, cuando contaba los 30 años, se convirtió en socio de la firma.

Es en este punto de la historia cuando Michael I Roth comienza un baile de destinos profesionales que le llevó por una empresa de servicios financieros y una aseguradora antes de recalar finalmente en IPG. Y como en su llegada al mundo publicitario, desconocía completamente los entresijos de estos sectores. Para él supone el caldo de cultivo perfecto donde pasar, sin que su padre llegue a comprenderlo, de ser un abogado fiscal a convertirse en un hombre de finanzas. Al mismo tiempo le brinda la oportunidad de ir virando poco a poco su perfil hacia el de un empresario más práctico y aficionarse a los relojes de lujo.

Dentro del ritmo vivo al que acostumbra el mundo empresarial, el salto de una etapa a otra fue incluso tranquilo, concediendo a Roth el tiempo suficiente para adaptarse a los cambios y trazar la parábola técnica sobre la que basará su método de trabajo. Para cuando recibió la llamada de Interpublic ya era un empresario pulido en abordar el desorden de la agencia desde la perspectiva shakesperiana de “presta a todos tu oído y a pocos tu voz”. Rechazó ocuparse de cualquier cuestión creativa sin haber enderezado antes el rumbo económico, aunque para ello tuviera que sustituir a todos los jefes de sus compañías filiales o desprenderse de sus participaciones en sociedades de Uzbekistán y Kazajistán. Solo después de recuperar la estabilidad financiera aceptó mirar al futuro para anticiparse a las eventualidades del sector.

Roth no olvida nunca la prudencia, ni siquiera cuando en medio del remolino que se levantó por la posible fusión entre Omnicom y Publicis los mercados especularon con la posibilidad de que IPG estuviera a la venta. Lejos de toda inquietud, desdeñó la idea mientras que con su ademán hacia oscilar un reloj ajustado en la muñeca.

Últimas noticias sobre Michael I Roth