Mango se enfrenta al mayor desafío reputacional de sus cuatro décadas de historia, tras estallar un estruendoso episodio que contiene ingredientes propios de novela negra y prensa rosa.
Decenas de cámaras captaron la semana pasada la imagen de Jonathan Andic, vicepresidente de Mango, tras ser detenido por los Mossos d’Esquadra, acusado de homicidio de su padre, Isak Andic, el fundador de la marca, fallecido a finales de 2024 al precipitarse por un barranco en la montaña de Montserrat durante un paseo con su hijo primogénito.
La investigación judicial se reabre tras detectarse contradicciones en las declaraciones de Jonathan Andic y nuevos indicios policiales, que cobran especial relevancia al analizar el contexto empresarial y familiar de los últimos años.
Jonathan Andic, que había sido señalado como heredero natural del imperio, dirigió Mango entre 2014 y 2018, pero su etapa acabó marcada por pérdidas millonarias y por la vuelta de su padre al control de la compañía. El fundador de la compañía finalmente apartó a su hijo de la gestión ejecutiva y dio el mando a Toni Ruiz, actual presidente y consejero delegado. Varios medios apuntan a que esa sustitución deterioró la relación entre padre e hijo y dejó un fuerte resentimiento dentro del clan familiar.

Tras la muerte del fundador, los tres hijos heredaron el control patrimonial de Mango, reduciendo su peso operativo, al tiempo que se reforzó el poder de Ruiz, una fórmula que se ha traducido en un aumento del 13% de los ingresos, hasta los 3.800 millones de euros en 2025, y del resultado neto en un 11%, hasta los 242 millones.
Con este paisaje corporativo, las grandes incógnitas en el plano de la reputación son si este episodio, cuya índole navega entre la familiar y empresarial, impacta directamente en la reputación de Mango; y, de ser así, en qué medida.
Mango y la familia Andic cuentan con estructuras legales independientes, aunque con LLYC como consultora de comunicación común.
Varios expertos en comunicación y reputación consultados por DIRCOMFIDENCIAL coinciden en que el principal riesgo reputacional de Mango no está relacionado con las ventas, al considerar que el comportamiento del consumidor se guía más por factores como el precio, las tendencias, la experiencia del usuario o el compromiso con la sostenibilidad, sino en la posible crisis institucional que puede abrir y el reconocimiento de otros stakeholders hacia la empresa, como empleados —con una posible fuga de talento—, inversores, proveedores y otros aliados estratégicos.
Silvia Albert, fundadora de Agencia Comma, sostiene que el verdadero riesgo reputacional aparece cuando el discurso corporativo de profesionalización “entra en contradicción con la permanencia del investigado en el órgano de máximo poder de la compañía”.
Hasta hoy, Jonathan Andic sigue manteniendo asiento en la cúpula directiva, sin funciones ejecutivas, un hecho que otros analistas consideran difícil de sostener reputacionalmente mientras avance la investigación judicial. De hecho, de acuerdo con el código ético, Mango ha fichado al despacho Uría para determinar si el hijo del fundador debe abandonar el cargo por su condición procesal.
Cabe destacar que la empresa y la familia se apoyan en estructuras legales independientes, aunque ambas cuentan desde hace años con el apoyo en comunicación de una consultora común: LLYC, con un equipo liderado por Iñaki Ortega.
“Ahora toca reforzar la credibilidad institucional separando empresa y procedimiento judicial con medidas visibles y no solo discursivas».
Los especialistas consultados consideran clave que Mango marque distancia entre el procedimiento judicial familiar y la gestión corporativa; que defienda que la compañía funciona con una estructura independiente de la familia Andic.
“Ahora toca reforzar la credibilidad institucional separando empresa y procedimiento judicial con medidas visibles y no solo discursivas; mantener una comunicación prudente, sin victimizarse ni confrontar a los medios; reforzar la transparencia evitando el silencio sostenido; cuidar el relato internacional y el de los públicos internos; y proteger el legado del fundador sin usar en exceso su figura como arma emocional. Demostrar que Mango puede sostener una gobernanza creíble incluso cuando la crisis afecta a su núcleo familiar y patrimonial”, defiende Albert.

María Luisa Moreo, directora general de Señor Lobo y Friends, considera que Mango sí está marcando distancias respecto al conflicto familiar. “El mayor acierto”, sostiene, “ha sido establecer un cortafuegos con una gestión profesionalizada fuera de la familia”. “El hecho de delegar el poder ejecutivo en Toni Ruiz como CEO mucho antes de la crisis (desde 2020) demuestra que la operatividad diaria de la empresa no depende de la familia Andic”.
Por el contrario, califica de debilidades “la falta de acciones cautelares”, como una salida provisional de Jonathan Andic del consejo; la falta de portavoz oficial que procure controlar el relato corporativo; y el silencio ante un hecho de extraordinario calibre. “Si tú no das tu versión de los hechos”, dice, “otros lo harán en tu lugar”.
“Mango debería moverse en un equilibrio muy claro entre prudencia, respeto a la presunción de inocencia y compromiso con la verdad.”
El Departamento de Comunicación de Mango, que lidera Doris Casares, ha optado —al menos, hasta la fecha— por no emitir comunicados externos sobre el caso, aunque la compañía sí remitió un texto a los empleados en el que asegura que su colaboración con la investigación por la muerte de Isak Andic “ha sido y será máxima”; mismo mensaje clave que difundió la familia Andic, tras la detención del hijo primogénito.
La fundadora y directora ejecutiva de TrustMaker, Sandra Sotillo, opina que Mango “debería moverse en un equilibrio muy claro entre prudencia, respeto a la presunción de inocencia y compromiso con la verdad”. “Eso implica colaborar al máximo con la justicia, no entrar en el detalle del procedimiento y ceñirse a hechos contrastados, evitando tanto el silencio opaco como las interpretaciones defensivas”.

Sotillo defiende que la actuación de Mango “transmite solidez y coherencia con el modelo de gobernanza que venía construyendo”, con el refuerzo del liderazgo de Ruiz y la salida de Jonathan Andic del mando ejecutivo. “Es fundamental contar con una buena gobernanza, un código de buen gobierno y unas normas ya definidas guíen la actuación”.
Ricardo Gómez Díez, consultor en Reputación y profesor del Máster de la Universidad Carlos III de Madrid, percibe que Mango está actuando de manera “timorata y discreta”. Además de suspender, al menos temporalmente, las funciones de la vicepresidencia, recomendaría a Mango proteger su reputación, anticipando escenarios futuros y desligándose de la causa judicial.
Los expertos suscriben que el de Mango no es un escándalo corriente. Se trata de un suceso con notables especificidades, en el que convive la gravedad del presunto delito de homicidio, el interés mediático internacional por un caso con similitudes con tramas de grandes producciones audiovisuales, y un imperio empresarial que acredita una buena salud financiera, sobre la que se cierne la temida sombra de la crisis reputacional.













