Florita Vallcaneras.

La alimentación ante un nuevo paradigma: salud, precio y tecnología marcan el futuro del sector

martes 03 de febrero del 2026

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La cadena alimentaria en España atraviesa una transformación profunda, acelerada por la inflación, los cambios en los hábitos de consumo y la irrupción definitiva de la tecnología. Así lo refleja el informe Food Trends 2025, elaborado por Trescom, que ofrece una radiografía detallada de un sector que, tras la pandemia, lejos de estabilizarse, «no ha estado quieto ni un momento», según explica su socia directora, Florita Vallcaneras.

Tres años después de su primer estudio, publicado en 2022, la agencia decidió retomar el análisis al comprobar que «no ha hecho falta otra emergencia de salud internacional para que el sector siga transformándose». El objetivo, señala Vallcaneras, era actualizar lo que quedó pendiente y «tener una panorámica de la situación actual» que permitiera, aunque sin certezas absolutas, «poder anticipar qué podemos esperar en el futuro».

El informe nace, además, de una inquietud que va más allá del ámbito estrictamente corporativo. Desde Trescom querían responder a preguntas que consideran relevantes a nivel colectivo, analizando «cuáles son las nuevas necesidades del consumidor, qué tendencias están marcando la agricultura, la alimentación, el consumo y la distribución» y, especialmente, «qué papel está jugando la tecnología en todo esto».

Inflación, resiliencia y presión geopolítica

El contexto económico ha sido uno de los grandes motores de cambio. La inflación ha tensionado el mercado y ha impactado directamente en la cesta de la compra, algo que se refleja en la evolución de la producción. Vallcaneras recuerda que el crecimiento interanual pasó «del 4,5 % antes de 2020 al 1,9 % en 2024», en un sector que, aun así, sigue siendo el número uno dentro de la industria española, con un peso del 2,3 % del PIB y más del 23 % del empleo.

Pese a esta presión, el consumo alimentario ha demostrado una notable capacidad de adaptación. No es casual, apunta, que «el consumo alimentario también se haya demostrado resiliente», un término que se ha popularizado precisamente por la capacidad del sector para absorber impactos sin colapsar.

A estos factores internos se suma un componente geopolítico de gran calado, como el acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea, que lleva negociándose desde 1999. Vallcaneras advierte de que este pacto «podría provocar mutaciones profundas en la producción, el comercio y el consumo de los próximos años», en un momento en el que ya se percibe un fuerte rechazo por parte de agricultores en distintos países europeos.

Más salud en el discurso, menos en la cesta

Uno de los fenómenos más llamativos que recoge Food Trends 2025 es la aparente contradicción entre el aumento de la preocupación por la salud y la caída en el consumo de frutas, verduras y productos ecológicos. Para Vallcaneras, la clave está en que «el consumo real no depende solo de la intención», sino de factores mucho más tangibles.

La directiva explica que la dieta ideal que manejan muchos consumidores —más frutas y verduras de temporada, productos locales y ecológicos y menos alimentos de origen animal— choca con una realidad marcada por los precios. El consumo medio de fruta fresca y hortalizas ha descendido un 0,9 % y un 0,7 %, respectivamente, mientras que el de productos ecológicos ha caído un 3,7 %. Todo ello, apunta, en un contexto en el que «el carrito de la compra se ha encarecido un 1,8 % en 2024» y en el que los productos ecológicos alcanzan «un coste medio de 3,12 €/litro, algo que deja fuera a muchos compradores».

España, el reino de la marca blanca

La presión inflacionaria también ayuda a explicar por qué España lidera la penetración de la marca blanca en Europa. En 2024, las marcas de distribuidor representaron el 48,5 % de las ventas totales, situando al mercado español casi diez puntos por encima de la media europea. Vallcaneras resume este fenómeno señalando que en España «se valora mucho la relación calidad-precio», además del precio más bajo, las promociones y la confianza en la marca.

En este contexto, las marcas blancas actúan como «un antídoto» frente a la inflación, sin que ello implique necesariamente la desaparición de las marcas tradicionales. Lo que sí ocurre, advierte, es que estas se ven obligadas a reaccionar, al tiempo que las grandes cadenas —Mercadona, Lidl y Aldi—, que concentran el 35 % del sector, deben gestionar el equilibrio entre marca propia y marcas de terceros.

Desperdicio, sostenibilidad y brecha tecnológica

Pese a los avances en concienciación, el desperdicio alimentario sigue siendo uno de los grandes desafíos. Vallcaneras califica de «muy preocupante» que «un 30 % de los alimentos producidos a nivel global termine desperdiciándose» y recuerda que solo en España, en 2023, se tiraron a la basura 2,8 millones de toneladas de comida. Entre las barreras que frenan una reducción más rápida, menciona cuestiones como la estética de los productos, el etiquetado o la falta de planificación.

Entre las soluciones que ya están ganando tracción destaca el upcycling alimentario, que permite dar una segunda vida a productos que normalmente acabarían como residuo, así como la eliminación progresiva del plástico, un material «muy incrustado en el modelo de producción y distribución del sector».

La digitalización aparece como otro eje clave. Vallcaneras subraya que hoy no se trata solo de agilizar procesos, sino de «optimizar recursos, controlar la calidad y garantizar la seguridad alimentaria», desde sensores IoT o drones agrícolas hasta plataformas logísticas y sistemas de trazabilidad. No avanzar en este terreno supone, advierte, una clara «desventaja competitiva» y una desconexión con un consumidor que demanda cada vez más comodidad, rapidez y personalización.

El gran reto: democratizar sin perder identidad

Con un consumidor más informado y crítico, el mayor desafío para las marcas pasa por encontrar el equilibrio adecuado. Para la socia directora, «el quid de la cuestión está en democratizar una alimentación sostenible sin castigar el bolsillo del consumidor», evitando mensajes vacíos y sin perder la identidad de marca.

Más allá del «hype tecnológico», insiste, las soluciones deben responder a necesidades reales, desde el residuo cero hasta el bienestar nutricional, y hacerlo «pensando en clave generacional», en un mercado en el que no existe un único perfil de consumidor.