Cuando cualquier experiencia puede puntuarse con un clic, el Ministerio de Igualdad lanza una campaña de sensibilización desarrollada por Ogilvy Spain que denuncia uno de los síntomas más alarmantes de la normalización de la prostitución en la sociedad actual: que los hombres que pagan por sexo reseñan, comparan y recomiendan públicamente a las mujeres prostituidas en plataformas digitales, igual que si evaluaran un restaurante o un hotel.
La pieza nace de una incomodidad muy concreta. No la prostitución como hecho aislado, sino lo que dice de nosotros como sociedad el momento en que un hombre puede sentarse, abrir Google, y dejar una reseña de cinco estrellas sobre el cuerpo de una mujer. Sin esconderse. Con nombre y apellidos. Lo que antes existía en el silencio ha encontrado, en la era digital, un escaparate normalizado. Y esa normalización es, precisamente, de lo que habla esta campaña.
Un relato en primera persona
La pieza central se construye alrededor de la voz en off de una trabajadora sexual que narra, en primera persona, cómo ha cambiado la realidad del sistema de la prostitución en la era digital. «En esto, siempre hubo silencio. Ahora ya no. Ahora nos recomiendan. Nos puntúan. Nos comparan.”
Sobre ese relato se superponen, progresivamente, reseñas reales extraídas de plataformas digitales: textos con estrellas, con la frialdad de quien valora una experiencia de consumo. «Calidad-precio excelente.» ★★★★☆. «Erica 10/10.» ★★★★★. «Puedes hacerlo a pelo.» ★★★★★. Lo que antes se susurraba, al final grita a pantalla completa.
Una pieza construida como un in crescendo
La pieza audiovisual se articula en tres bloques que funcionan como una acumulación progresiva. El primero arranca con imágenes abstractas y atmosféricas, mujeres que no terminamos de identificar. El espectador todavía no sabe de qué va esto. Y eso es exactamente lo que se busca.
El segundo bloque introduce los primeros elementos concretos: una cama deshecha, una fachada de motel, carteles de neón. Las reseñas empiezan a aparecer relatadas en imagen. En el tercer y último bloque, las mujeres miran directamente a cámara y se recogen múltiples reseñas a la vez creando un efecto in crescendo.
La pieza huye deliberadamente del lenguaje publicitario. Se mueve entre lo editorial y lo documental, con una estética que combina lo contemplativo y lo crudo. Un descampado al margen de la ciudad —fuera de la vista, igual que aquello de lo que habla la pieza— y un motel como espacios cargados que no necesitan explicación.
Cambiar el foco: de las víctimas a quienes sostienen el sistema
La campaña responde a un objetivo estratégico del Ministerio de Igualdad: trasladar la responsabilidad hacia quienes alimentan el sistema de la prostitución. Históricamente, el foco se ha puesto en las mujeres prostituidas; esta iniciativa lo desplaza hacia los proxenetas y los hombres que pagan por sexo, haciéndolos responsables directos de lo que el Ministerio define como la forma de explotación y esclavitud sexual más cruel que persiste en nuestra sociedad.
Según datos del Ministerio de Sanidad y el CIS, un tercio de los hombres en España reconoce haber pagado por sexo.
La campaña se difundirá en televisión, radio, prensa, medios digitales, redes sociales, exterior y cine, en castellano, catalán, gallego, euskera y valenciano, con subtitulación, audio descripción y lengua de signos.














