Carlos Fernández-Villaverde.

viernes 07 de noviembre del 2025

Actualizado el 12/12/2025 12:23

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Hace un par de semanas, el Top of Mind de DIRCOMFIDENCIAL, organizado con la asesoría estratégica de Alabra, situó la salud en el centro del relato corporativo contemporáneo. No como tendencia pasajera ni como atributo de marca, sino como un eje estructural que atraviesa industrias, conecta con la vida cotidiana y redefine la forma en que las organizaciones se relacionan con las personas.

Aquel encuentro marcó un punto de inflexión: la salud ha dejado de ser un territorio vedado o especializado para convertirse en un lenguaje compartido entre sectores y audiencias. Un lenguaje que une, interpela y condiciona nuestras decisiones como ciudadanos, consumidores y profesionales.

Quizá este cambio sea consecuencia de otro de escala todavía mayor: la irrupción de nuevas formas de consumo y de la inteligencia artificial está redefiniendo cómo nos informamos, confiamos y decidimos. La conversación sobre la salud ya no transcurre única y residualmente en los medios o en las instituciones, sino también en los algoritmos, en los asistentes de voz, en los buscadores inteligentes y en las redes sociales, que actúan como nuevos mediadores del conocimiento y la influencia.

Como en toda transformación profunda, el proceso genera desajustes. No basta con entender qué ha cambiado; lo decisivo es comprender cómo seguimos avanzando. Porque si la jornada fijó el marco estratégico y narrativo de este referente, el siguiente paso pasa por analizar cómo circula hoy la información, en un momento en que las fronteras entre esta, la opinión y el entretenimiento se han disuelto.

«El usuario medio muestra un interés creciente por la salud, pero desde nuevas lógicas de consumo impulsadas por la tecnología».

La salud como generador de interés, a diferencia de otros ámbitos informativos, no se rige tanto por la agenda del día como por una constelación de ejes vitales: bienestar, descanso, nutrición, autocuidado, deporte o crianza. Ya no se trata de avances científicos o sanitarios —estos sí, sometidos a la actualidad y con un interés social y mediático relativo, a pesar de su relevancia—, sino de cómo vivir más y mejor en todas las dimensiones de la vida.

Así, el usuario medio muestra un interés creciente por la salud, pero desde nuevas lógicas de consumo impulsadas por la tecnología. La digitalización de los hábitos, la hiperconectividad y la inteligencia artificial han transformado tanto el acceso a la información como la manera en que la interpretamos y confiamos en ella.

Porque hoy las personas no esperan a que la información llegue: la buscan, la filtran y la contrastan según sus propios códigos y canales. Esto no es nuevo, pero sí lo es que esa información ya no sea neutra: está condicionada por nuestros datos, hábitos y preferencias, y se adapta a cada uno de nosotros casi en tiempo real. No moldea nuestras decisiones: las anticipa.

También ha evolucionado en muy poco tiempo ese modelo de búsqueda y consumo, que hoy se manifiesta, principalmente, de dos formas distintas y complementarias:

  • Inspiracional-pasiva: consiste en seguir a creadores que traducen los ejes vitales anteriormente citados en narrativas aspiracionales y cercanas. Este modelo de consumo se construye sobre el reconocimiento y la reiteración: no busca una respuesta, sino que adapta actitudes y comportamientos a través de la identificación.
  • Resolutivo-activa: se da cuando el usuario acude a la inteligencia artificial o a los buscadores integrados para obtener respuestas personalizadas e inmediatas. Es un consumo instantáneo y funcional, que resuelve una necesidad concreta pero rara vez genera vínculo o memoria.

 

Este nuevo modelo, circunscrito a la salud, ha configurado un ecosistema en el que los medios ya no marcan la conversación, aunque siguen siendo la principal fuente de autoridad. Su papel se desplaza del liderazgo temático a la interpretación crítica, mientras las redes sociales y plataformas dictan ritmos y la atención se fragmenta.

Al mismo tiempo, las marcas han entendido que pueden invertir directamente en la generación de contenido propio para construir comunidad en torno a la salud. Pero, como sucede siempre que se exploran nuevos territorios, en algunos casos ese esfuerzo no se traduce en comunicación efectiva: se produce mucho, se difunde mucho, pero no siempre se conecta.

«Las marcas han entendido que pueden invertir directamente en la generación de contenido propio para construir comunidad en torno a la salud».

Lejos de ser una crisis, este escenario refleja una evolución natural: estamos transitando de un modelo de intermediación informativa a otro de interacción continua y adaptada. El criterio ya no reside en un único lugar; se descentraliza, se redistribuye y se reconstruye colectivamente.

En esta nueva realidad, más que hablar de retos compartidos, conviene hablar de oportunidades diferenciales. Cada agente —medios, marcas, instituciones o plataformas— debe identificar su propio modelo de expansión y adaptación a un entorno en el que la información fluye, se fragmenta y se resignifica constantemente.

Este es, en definitiva, un momento de redefinición. La salud se erige como un espacio de encuentro entre industrias, narrativas y públicos, donde la innovación, la legitimidad y la pertinencia —potenciadas por la tecnología y los nuevos modos de consumir información— serán las verdaderas claves del liderazgo que viene.

Un escenario en evolución que, sin duda, seguiremos explorando en futuros encuentros de Top of Mind.

Carlos Fernández-Villaverde, socio director de Alabra.