Privacy Sandbox, el proyecto lanzado por Google en 2019 con el objetivo de sustituir a las cookies con soluciones que protegieran mejor los datos de los usuarios, ha quedado extinguido. La compañía ha explicado en su blog que las 10 tecnologías que aún mantenía de ese ramillete serán discontinuadas, lo que de facto supone dejar las cosas como estaban.
Este desenlace da continuidad al hecho de que Google diera marcha atrás en abril y anunciara que no dejará de dar soporte a las cookies de terceros en Chrome. Había ido retrasando ese hito mientras trabajaba en las alternativas contenidas en Privacy Sandbox, cuyas pruebas nunca resultaron concluyentes para el sector como nuevo estándar de segmentación publicitaria.
Privacy Sandbox queda cancelado por baja aceptación en el sector y solo algunas tecnologías que sí han conseguido tracción seguirán existiendo.
La compañía explica precisamente que su decisión se debe a los «bajos niveles de adopción» de esas opciones, que giraban en torno a la obtención del consentimiento para que el usuario recibiera publicidad personalizada. Pero señala que continuará su trabajo de «mejora de privacidad en Chrome, Android y la web», pero ya al margen de esa iniciativa.
A pesar de la cancelación de los últimos vestigios de Privacy Sandbox, que incluían el foco en temas por encima de la identidad y la protección de la IP, Google sí mantendrá algunos desarrollos realizados bajo el paraguas de este proyecto. Se trata de elementos que sí han alcanzado la tracción suficiente entre propietarios de webs como para que sobrevivan a su matriz.
Ese es el caso de la tecnología que permite que las webs almacenen de forma separada las cookies para cada visita (CHIPS), de forma que no puedan usarse para seguir a los usuarios a través de diferentes propiedades. Y también el de la limitación de datos compartidos al usar credenciales de cuentas existentes en plataformas como la propia Google o Facebook (FedCM), que impide su uso en varios entornos.
Privacy Sandbox queda cancelado por baja aceptación en el sector y solo algunas tecnologías que sí han conseguido tracción seguirán existiendo.
El resto de alternativas han gozado de poco o ningún apoyo entre anunciantes, agencias y otros actores de la tecnología publicitaria. Introducían mayor complejidad en la segmentación y ofrecían resultados más discretos que además se podían medir peor. Eso explica que Google se supeditara a la autoridad de competencia y mercados de Reino Unido (CMA), que en sucesivos informes reflejó los riesgos para todo el sector.












