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Maurice Lévy: Hombre cosmopolita que ostenta el cargo de CEO en Publicis

Última modificación: miércoles 27 de febrero del 2019

En una entrevista allá por 2015, Maurice Lévy contaba que Publicis Groupe fue creada por un hombre “cuya vida es más larga que la vida”. Se refería al magnate Marcel Bleustein-Blanchet, a quien sucedió hace más de 28 años al frente del conglomerado de comunicación, publicidad y –desde hace también unos años- tecnología más poderoso del mundo. Lo cierto es que, en esa cita, Lévy bien podría haber estado refiriéndose a sí mismo. No en lo relativo a la fase de creación de Publicis, una de las pocas etapas en la historia de la compañía en las que –por las fechas en las que tuvo lugar el hito- no figura el nombre del empresario francés. En cambio, la vida profesional del gallo de la publicidad es tan dilatada y fulgurante que parece haber alcanzado cierta inmortalidad en el sector. Tanto es así que hace ya algún tiempo que, mientras sus rivales empresariales de los primeros años permanecen retirados, él continúa perpetuándose y evitando la senectud.

A Maurice Lévy, como a su carácter, se le comprende mejor cuando uno se aproxima a las circunstancias que definieron su infancia. Su padre, un exiliado de la guerra civil española que profesaba el judaísmo, hubo de hallar en Marruecos el refugio que no logró en Francia. Aunque el Lévy adulto reconoce que su verdadero hogar se encuentra en París, junto a su familia, la educación del Lévy joven transcurrió repartida de manera dispar entre los lugares donde hizo parada su padre y los Estados Unidos. De aquella educación nómada extrajo su carácter multicultural y una clara inclinación hacia la ingeniería tecnológica.

Bajo la particularidad de este pedigrí desembarcó en las orillas de Publicis en 1971 como director de Tecnologías de la Información. Desde el inicio viró el rumbo de su carrera hacia las raíces de la agencia: la publicidad y el marketing. Adaptó el pragmatismo de su perfil tecnológico a la idiosincrasia del negocio y ya entonces supo interpretar las necesidades que reclamaban los clientes de la agencia, impulsando un amplio servicio de comunicaciones integradas a lo largo y ancho de Francia y en algunas zonas de Europa. Aquel proyecto personal es hoy un espectro de servicios comunicativos y de marketing que llega a 108 países.

Lévy conoció a Marcel Bleustein-Blanchet el 2 de marzo de aquel 1971. Se encontraba trabajando en su escritorio cuando el fundador de Publicis se sentó al otro lado de la mesa y arrancó una ráfaga de preguntas que derivó en una entrevista de casi una hora de duración. Antes de concluir la conversación le aseguró que algún día dirigiría la empresa. La providencia terció pronto a favor de la promoción del joven técnico. Al año siguiente de arrojarse aquella predicción, en 1972, un incendio destruyó las oficinas que mantenía la compañía en el lujoso Hotel Astoria de París. Lévy, por entonces volcado en su labor tecnológica, arriesgó su vida para salvar importantes documentos de los ordenadores.

Algunos meses después de aquella hazaña Bleustein-Blanchet visitó a Lévy para proponerle ser el CEO de Publicis. Éste le respondió que solucionaría todos los problemas derivados del incendio sin la necesidad de aceptar el cargo. Volvieron a encontrarse al cabo de un año y, antes de escuchar un nuevo rechazo a su propuesta, el todavía dirigente de la agencia fue sincero con su discípulo: “Maurice, no te lo estoy pidiendo, te estoy diciendo que eres el CEO de la empresa”. Esos episodios y el paso del tiempo terminaron dando la razón a Bleustein-Blanchet y en 1987 Lévy se convirtió en el presidente y consejero delegado de la firma.

El empresario galo reconocía recientemente que “hay que tener valor para tomar decisiones”. En su expediente al frente de Publicis abundan las buenas decisiones, pero también destaca el fallido intento de fusión entre el grupo y su competidor Omnicomm en el verano de 2013. De consumarse, aquella unión hubiera supuesto la creación de la agencia de comunicación más grande del mundo. Sin embargo, las diferencias culturales frenaron la operación. Tras ese fiasco Lévy reconoció que “no repetiría una fusión nunca más”.

Ahora afronta el repecho final de su trayectoria, que se volverá pretérita en un par de años, cuando le suceda Arthur Sadoun, el encargado de perpetuar la estirpe de directores franceses en Publicis. Mientras llega ese trance, el de capitular para disfrutar del merecido retiro, Lévy seguirá trabajando “como si fueran cien años más” hasta consolidar la transición al sector digital que él mismo emprendió hace ya mucho tiempo.

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